jueves, 15 de noviembre de 2012

Paula Medina ---> POBREZA



CIEGO, SORDO Y MUDO

                                                            

Muchos dicen que “mugre que no mata, engorda” y más de uno aplica este conocido refrán en las calles capitalinas. Bogotá es una ciudad donde hay de todo y la comida no es la excepción, los puestos de comidas rápidas están por todas partes. Cabe aclarar que no me refiero a “mugre” en el significado literal de la expresión, aunque en muchos casos sea de esa manera. La mayoría de los que colombianos al menos una vez hemos probado manjares callejeros y meriendas de avenida.

A pesar de que sabemos el daño que nos hace el consumo de alimentos en la calle, el afán del colombiano está por todos lados. La empanadita, el “chuzo”, la arepa con chorizo etc. son el cotidiano para más de uno. Pero como buena colombiana tampoco puedo desconocer el trabajo de las personas que ofrecen estos servicios, nadie puede negar que el sustento es duro y muchos tienen que romperse el lomo para llegar con algo a la casa. En Bogotá muchos viven del rebusque porque así les toco y como dice el dicho “hay que echar pal ante”.

Lo anterior  no constituye en absoluto lo que quiero decir en este escrito, a lo mucho podrían servir las tres últimas líneas, solo fue una breve introducción en mi intento de desarrollar un tema poco engorroso y muy común para todo el mundo, son situaciones cotidianas ampliamente conocidas  y a  estas alturas me doy cuenta de que no quiero hacerlo de esa manera, ni hablar de ese tipo de cosas, esos dos párrafos anteriores  hacen parte del escrito únicamente porque me interesa que el trabajo de planeación y la dificultad que represento para mi  escribir estas líneas sea claro y evidente .Eso no es lo que realmente quiero hacer en este texto, digo, para que hablar de los daños que causa la comida chatarra, de los riesgos que conlleva su consumo y de los buenos hábitos alimenticios, para eso está Google y las noticias y esa información la mayoría de gente la conoce, ese en realidad no es mi objetivo, mi propósito es hacer algo mas real, más cercano, mas verdadero y  mucho más significativo para mí. Al comienzo tenía dudas de plasmar lo que realmente me dolía en un papel y mas para un trabajo académico, pero recordé una  palabra que se dijeron a la hora de asignar el trabajo “arriesgarse” el escribir bien o mal , de forma correcta o incorrecta, es más bien cuestión de método y es importante aprenderlo. Pero el escribir sentido, palpable, cercano y personal, es más bien cuestión de alma.

Este trabajo debe ser Bogota y sus…., en este caso será Bogota y su hambre, Bogota y sus casas de lata y madera, Bogota y sus quebrantos, Bogota y sus vergüenzas, Bogota y sus lamentos. Para dejar los rodeos empezare diciendo que lo que contare requiere que desempolve varias cajas de los recuerdos que  ya estaban rincones recónditos  de mi mente, esto no está en enciclopedias ni te lo van a contar como es si no se han untado. La miseria esta en muchas partes de la capital, pero muchos se hacen los ciegos ante las realidades aparentes, no los juzgo, es más fácil, pero hay otros que hemos estado mas cerquita del olor a mierda, incluso a veces nos hemos manchado la ropa.

Todos los días  miramos al cielo y a veces quisiéramos estar allá porque nos reconforta, pero unos pocos lo miran porque llegar a ese cielo representa para ellos  una salida de emergencia. No quiero pesares ni frases lastimeras  para aliviar la cosa, no todos los que están jodidos les gusta la mierda, algunos si la eligen pero otros les toca aguantársela. Recuero primero a una amiga que tuve a los ocho años, cuando se supone que todos son risas y juegos, ella pensaba en cómo llevar comida para cinco a su casa , teníamos solo quinientos pesos y un pedazo de cartón que le ayude a vender para comprar un libra de arroz y un par de papas, eso serviría para calmar el hambre por un rato, aunque más tarde estuvieran mordiéndose los dientes por un pedazo de pan.

En mi caso personal, si, viví situaciones complicadas pero sobretodo veía desde muy pequeña las cosas que sucedían a mi alrededor, que no me eran ajenas y habitaban muy cerca, para qué pero mi familia es muy verraca y si, fue jodido, pero salir adelante fue posible. Lo que más me alarmaba era el montón de personas que me rodeaban, mis amigos de infancia y alguna familia lejana, solo era necesario caminar unos veinte pasos desde mi  casa en ese tiempo para ver toda la miseria que se esconde debajo de tablas, pedazos de lata y troncos de madera que se agrupaban y formaban una casita que se acomodaba humildemente sobre la piedra y la tierra de un calles sin pavimento, un cuarto con tres camas, donde cada una era ocupada por unas tres o más  personas, de cocina un cumulo de leña y una olla grande y en el techo un pedazo de plástico que protegía las tejas medio  rotas para prevenir inundaciones futuras.

No quiero identidades, no quiero fechas ni exactitudes, no merecen conocer a mis personajes  y son cosas que me reservo, son míos y no los comparto, no puedo desprenderme por completo, como todo ser humano también tengo mecanismos de defensa. Además este mundo nos tiene tan jalados de la cabeza que no estoy tampoco para moralismos, moralejas ni mensajes reflexivos tipo Jorge Duque Linares, no me educaron así y no me gusta escribir de esa manera, de hecho aun no sé ni cómo me gusta escribir, pero sé que eso no me gusta, como sé también que no me gustaba ver a algunos de mis familiares comer sobras de restaurantes y vestirse con ropa regalada, ver a mis amigos convertirse en ladrones para llevar algo a la casa misteriosamente, o ver mujeres ahogarse en llanto por chantajes sexuales y violencia domestica.

También dicen que en la vida hay que aprender de todo, no solo de los libros se aprende, las situaciones cotidianas nos dejan muchas veces experiencias importantes. No todos conocemos las mismas cosas, unos vimos y vivimos cosas distintas y listo. Hay niños que lloran por el hambre y los juguetes y madres que también lo hacen al verlos llorar y gente que pasa por las esquinas y mira realidades con lastima y lejanía. Hay jaulas alrededor de nuestras cabezas que nos impiden ver mas allá y que aun teniendo la llave preferimos dejar cerradas, admítanlo, la indiferencia siempre ha  resultado ser más cómoda y menos complicada.

 Vivimos en un mundo globalizado y con muchas alternativas nuevas que podemos aprovechar, pero Bogota se está quedando en algunas cosas, todavía hay mucha miseria, falta reparación, falta educación, falta cultura e infinidad de cosas más. No pido que se haga mayor cosa, solo pido que no seamos artífices de las cosas negativas y que desde todo lo que estamos aprendiendo más adelante ayudemos a suplir esos vacios.

Lo expuesto anteriormente sucede en muchas partes de la capital Colombiana hay infinidad de lugares: Ciudad Bolívar, parte de Patio Bonito, invasiones como Pardo Rubio, barrios como el Danubio azul, La Fiscala, Diana Turbay, Lucero alto, Tunjuelito, la zonas de tolerancia en el centro de la ciudad etc. Lugares donde las sobras de los restaurantes se convierten en un cumulo de calentado para los habitantes de la calle, a doscientos la porción y que servidas en hojas de directorio, donde muchos se alimentan siempre de bienestarina, donde la carne se remplaza por el salchichón más barato, donde hay muchas calles aun sin pavimentar y hay botaderos de desechos aledaños, donde lo que abundan son los olores fétidos de basuras, carroña, quebradas y la misma falta de aseo de sus habitantes, donde las mujeres son cabezas de familia y levantan sus hogares con un mínimo, trabajando en la limpieza casi los siete días de la semana y donde muchos viven de los ataques de lastima de otros.

 Como ya dije no espero resentimientos, ni culpas, lastimosamente estamos sumidos en una alienación que cada vez  nos anula mas como jóvenes,  absorbe cada parte de nuestra creatividad y las posibilidades de cambios radicales y verdaderos, solo quería arriesgarme y responsabilizarme por eso, porque esto no deja de ser un texto académico que está sometido a una nota, no es malo, son las reglas y ya. Esta Fue mi muy personal interpretación del trabajo ya tenía el trabajo de campo hecho durante varios años y llego el momento de utilizar toda esa información, Toda la bibliografía está contenida en mi cabeza. Después de esto solo espero que al menos se quiten la tapa oídos y las vendas de los ojos por un rato o más bien mientras soporten el peso de la responsabilidad de hacer un poquito más por esta ciudad  y  por un país que no solo progrese tecnológica y económicamente sino que además sea un poco más humano.

Volviendo al principio y recordando el refrán “mugre que no mata, engorda” después del desarrollo de este trabajo entendí lo que en este texto y para mí significa eso del “mugre”, la mugre no es más que la indiferencia, la mediocridad y la falta de acción que tomamos hoy en día. ¡Cuidado porque más de uno ya anda obeso de tanto comer esas porquerías!

CIEGO, SORDO Y MUDO



            


     



       

Maria Paula Ramírez ---> VENDEDORES



MI INTENCIÓN AMIGOS, NO ES VENIR A INCOMODAR

                                         

El transporte público, conocido como el bus urbano de la ciudad de Bogotá, no solo traslada a los ciudadanos de un lado a otro. Sin darse cuenta, esto se convierte en un espacio de distracción para sus pasajeros o tal vez en algunos casos en una mayor preocupación. Porque diariamente los clientes están expuestos a una gran cantidad de personas desplazadas, vendedores, cuenteros, artistas, payasos, entre otros. Que con el respaldo y una colaboración del conductor, intentan rebuscarse el sustento diario.
Para que me entiendan, les contaré sobre aquellas personas obligadas a dejar sus hogares por alguna crisis o mas conocidos  como desplazados, (provenientes de otras regiones de Colombia, o madres adolescentes y niños huérfanos), que narran o inventan historias que ayuden a la recaudación de fondos para subsistir en sociedad. Utilizan los conflictos armados como causantes de sus desgracias debido al desplazamiento forzado, viéndose obligados a llegar a las principales ciudades del país y vivir debajo de puentes o en residencias no muy agradables.
Es probable, que algunos relatos presentados sean verdad. Que en realidad grupos al margen de la ley, quieran refugiarse en sus tierras y hayan restringido la manipulación de estos espacios para sus propios dueños; dejando a grandes familias en desamparo sin ningún otro recurso o posibilidad de salir adelante por sus propios medios. Pero se presta para una oportunidad de que otras personas poco trabajadoras, busquen realizar estas acciones para evitar enfrentar la situación de conseguir un trabajo digno que requiera un poco más de esfuerzo.
Y es entonces, cuando esto se convierte en una distracción para los pasajeros porque al ser ello rutinario, es a veces interesante para  los usuarios escuchar una nueva y mejorada versión de la historia.
Cuando ellos comienzan a hablar nuestra mente puede empezar a imaginarse la manera en que fueron desplazados, quien los desplazo y porque los desplazo y si nuestra credibilidad es mucho mas fuerte, tal vez mientras que hablan pensamos en la gran capacidad de mentir que poseen estas personas. Y la razón por la que no buscan un trabajo y dejan de pedir de nuestro dinero.
Así, creamos o no es sus relatos es inevitable no alterarnos cuando ellos aparecen ya sea mucho o poco dedicamos parte de nuestra atención durante el recorrido en el bus en ellos.

Al igual que los desplazados, existen vendedores cansados de no hacer suficiente dinero en la calle. Por consiguiente, deciden subirse a los buses sin mucha charla repartiendo a cada pasajero una porción o un paquete de su mercancía. Al realizar esto, el usuario es persuadido con promociones en el precio del producto o con una desinteresada colaboración. Estos objetos pueden ser desde cd, libros académicos, cuentos, recetas, dulces, hasta empaques para documentos entre otros.
Eran las 9:20 del jueves en la mañana, yo iba sentada en la parte trasera de un confortable bus. Me dirigía a la casa de mi abuela, era un trayecto largo y un poco congestionado. En la 127 al norte de la ciudad siempre se forma un gran trancón, por la entrada al centro comercial Unicentro. Pero este problema, no fue lo que me sorprendió. Lo que me aterró, fue que en un recorrido de 15 a 20 cuadras, alcanzaron a subirse tres vendedores todos provenientes de una fundación para drogadictos y madres solteras de corta edad. Los primeros, un par de muchachos de 20 a 25 años con una mochila, subieron con mirada humilde y un agradable saludo para los pasajeros, aunque fueron pocos los que respondieron. Ellos, procedieron a mostrar y dejar conocer sus dulces mientras uno iba contando que con la ayuda de sus hijos, los impulsos de superación y las ganas de salir adelante, se motivan para dejar del vicio e intentar algo diferente. Su compañero afirma, que no quieren vender dulces toda la vida, que eso es algo pasajero. Es mientras consiguen algo mejor, y ojala lo hagan. Porque muchos inician con la misma idea, pero son pocos los que la cumplen, y es ocasionado por la facilidad del trabajo, que engancha a las personas a continuar en él y seguir mendigando ya que requiere menos esfuerzo.
Unos pocos metros después, una mujer joven con un niño en brazos intento igualmente vender, pero no tuvo mucho éxito. Es difícil, para los ciudadanos volver a comprar o tal vez colaborar cuando alguien acaba de bajarse y por ello, fue casi imposible ayudar a los tres vendedores. Unas pocas personas se hicieron participes de la acción, pero otras como es normal trataron de ignorar sus presencias. Debo confesar, que aunque iba entretenida hablando por celular no pude evitar detallar su “parla” y el niño que la acompañaba. La curiosidad hace que aunque ya sepamos a que se sube y porque se sube escuchemos con atención y no retiremos la mirada de encima.
No mas de cinco minutos después, un hombre de mediana edad se subió de la misma manera llamando la atención del conductor para que le abriera la puerta de atrás y por ende de los pasajeros con un molesto gesto mientras él decía: “buenos días amiguitos, como les va trabajando? Hay que trabajar, cada uno en lo suyo. Unos cantan, otros venden porque el trabajo no es deshonra.” Se detuvo, camino al frente del bus dándose la vuelta y se dirigió a todo el publico tratando de exaltar su presencia subiendo el   tono de la vos y prosiguió: “Vea, el día de hoy yo les traigo estas galleticas con promociones. ¡Vea! En la calle estas se las venden a usted a  400 (enseñando su paquete de galletas) y yo hoy, pues también se las vendo a 400. Pero para su mayor economía pueden llevar dos en setecientos y los tres en mil pesos. Vienen de chocolate de vainilla y de fresa…”
Así no cuenten su vida con detalles, el simple hecho de mostrar sus artículos hace que los pasajeros se distraigan por un rato y olviden por un  corto lapso de tiempo sus preocupaciones.

Otro día, me di cuenta de que cuando las personas montadas en el bus vemos a través de la ventana un movimiento del brazo en una persona de la calle y un par de modulaciones de la boca sumado a que se sube por la puerta trasera, nos imaginamos o pensamos que van a querer o vender algún producto o recoger nuestro dinero. Y nuestra cara cambia, se torna mas amarga; carentes de detalle miramos a esa persona con la incertidumbre de que va a decir o hacer  transformando nuestro pensamiento en esta nueva distracción. No hay ningún momento en el que nuestra mente se detenga y cuando se pasa mucho tiempo dentro de un mismo lugar nos vemos obligados a explorar mecanismos para sobrellevar el tiempo, y estas personas se convierten algunas veces en una salida.
Soy sincera, al decir que yo en varias ocasiones me dejo llevar por su “verborragia verbal” y me distraigo en ocasiones reflexionando. Pero casi nunca contribuyo económicamente ya que ellos se acostumbran a eso y no buscan mejores formas de trabajar y además no es que se ande con mucho dinero para estar regalando.
Pero tampoco me gustaría pensar en su extinción, porque aunque para algunos sean molestos sé que a muchos nos han ayudado a llevar un viaje más ameno con sus historias, canciones o productos.

Para un entretenimiento mas alegre y motivador existen los cuenteros, las personas que con soñadoras palabras enseñan o demuestran una moraleja a su publico haciéndolo pensar en buenos momentos de su vida; o momentos tristes que nos conmueven para dar su aporte económico sin ningún reparo. Es allí donde me doy cuenta que así seamos grandes, chicos o viejos siempre los sentimientos nos moverán para hacer cosas en la vida que nunca llegamos a imaginar.
Lo frustrante de esta situación social, radica en que a menudo son bastantes los trabajadores ambulantes que se suben al transporte urbano en un trayecto relativamente corto.

Este trabajo de campo no se adquiere con una sola experiencia de transporte, incluso si alguien lo intenta algún día podría nunca ser intervenido por este tipo de personas, eso depende ilícitamente del conductor. Yo, he tenido la oportunidad de utilizar este servicio durante mis últimos dos años de vida, conociendo casi todas las rutas por la ciudad y la problemática se da por todos los sectores. De hecho, he coincidido y he visto a las mismas personas pidiendo y hablando de la misma manera. Lo que deja claro que para ellos es algo rutinario y no solo una necesidad efímera. Problemas que parecen de solución inmediata son contados de nuevo por las mismas personas algunas horas, días o meses después, cambiando únicamente algunos datos.

Sucede ahora, que estas personas dedican su vida y tiempo a entretenernos cada día para obtener un beneficio de pocas personas que se atreven a retribuirlo. Y es evidente desde el acto  en que estas personas se suben como lo comuniqué anteriormente, tenemos la inquietud de que hará, la duda de creer o no creer sus historias, la indecisión de participar de sus chistes o adivinanzas, la inseguridad cuando nos ofrecen sus productos porque es  posible que estos contengan algo que perjudique el organismo, mantenemos todo el tiempo el miedo a ser intervenidos violentamente con algún atraco. Y preferimos en ocasiones seguirlo con la mirada y reaccionar a cualquier sospecha.
En conclusión, la ciudad de Bogotá maneja variedad de métodos y mecanismos para pasar  el tiempo en diferentes lugares, incrementando en el transporte publico una salida  corta de los problemas personales y una mirada mas profunda en los problemas sociales. Nos hace valorar lo que tenemos y apoyar a otras personas. Busca interiorizar y destapar los cambios radicales que se generan en nuestra persona y por ello centra nuestra atención o la cambia de dirección ya que el hombre se deja llevar muchas veces por su entorno, este puede modificar la forma y lo que se esta pensando. Los buses, en ocasiones evitados por grandes cantidades de personas permiten el contacto con la sociedad, pasar largas horas metido dentro de una cajita rodeado de demasiadas personas, sin tener como sujetarte o como andar mientras que personas extrañas se mueven de un lado a otro permite el contacto y el aprendizaje intransferible que muchos de las elites no conocen. Cuando te vayas a subir a un bus no te desanimes al pensar que será un mal rato, o que tal vez será una hora mal invertida, es solo un espacio para aprender más y esa lección nadie podrá quitártela, te demostrará un poco más la humanidad de la que estas rodeado no muy diferente a lo que tú eres.

MI INTENCIÓN AMIGOS, NO ES VENIR A INCOMODAR


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Paola Ramírez ---> INDIGENCIA



Bogotá y la precariedad de la indigencia



El no poder satisfacer las necesidades básicas, la falta de recursos económicos  y  la drogadicción entre otras, son las causas de la indigencia en Bogotá y en Colombia, problemáticas que perjudican a los mas marginados y que el gobierno debe solucionar. El Director ejecutivo de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo), Mauricio Cárdenas, economista de la Universidad de Los Andes, ha publicado gran variedad de libros sobre la economía de Colombia.  Mauricio Cárdenas  cataloga la indigencia, de acuerdo con el indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas, compuestas por cinco variantes: servicios básicos insatisfechos, vivienda inadecuada, inasistencia a la educación, hacinamiento y la gran dependencia económica. Alude  y clasifica a las personas que tengan estas características como indigentes.


La drogadicción es una de las causas mas frecuentes que lleva a las personas a la indigencia.  De acuerdo a un censo que realizó el DANE en la ciudad de Bogotá en el año 2005, se presentó unas estadísticas que arrojaron que el 28% de cada 3620 indigentes han caído en esta condición por el abuso de las drogas. Por otro lado, la drogadicción esta catalogada como una enfermedad, la cual consiste en la dependencia de sustancias psico-activas, que alteran el sistema nervioso y por ende el comportamiento de la persona, dicha enfermedad lleva a la autodestrucción por la dependencia a sustancias y es aun mas critica cuando no pueden obtenerla toman el suicidio como la única opción después de drogarse. “El mudo”, es el nombre que le dan algunas de las personas  que conocen su historia, del sector de la carrera séptima entre calle 45 y calle 40, a un indigente perpetuado en esta zona de la ciudad de Bogotá, según cuentan este hombre de aproximadamente 27 años, en su infancia era un niño normal, con familia, alimentación y educación; y un día apareció una persona que le ofreció dinero por vender droga entre sus amigos y conocidos, al cabo de un tiempo su inocencia y el no medir consecuencias, “el mudo” se involucró tanto en este mundo de perdición que empezó a consumir drogas, llevándolo a accionar contra su familia, robándoles, escapándose y hasta agrediéndolos para obtener dinero y así poder comprar su vicio.  La anterior historia no es más que una de las tantas que existen en el país y hasta en diferentes partes del mundo.

Por otra parte, otra de las principales causas de la indigencia en Bogotá es la carencia de recursos económicos, que llevan a caer en condiciones precarias hasta el punto de pertenecer a la gran lista de habitantes de la calle. Cerca del 30% de las estadísticas del censo del DANE, antes mencionado, están calificados en la consecuencia de indigencia por la falta de recursos económicos. En Bogotá y en Colombia, son pocas las entidades gubernamentales y sociales que brindan ayuda y dan soluciones para esta gran problemática de los indigentes y las causantes de estas condiciones inhumanas. La Fundación Santiago Eulices hace parte de las contadas entidades sociales que buscan dar mejora y solución a esta situación aberrante, están fundación tiene un objetivo especifico, el cual es re-socializar  a los niños indigentes de Bogotá buscando que se les respeten los derechos y aumentándoles el autoestima por medio de valores cristianos, ya que en Colombia el 15% de los 8’000.000 de indigentes (según el DANE) son niños. También hay que tener en cuenta que el Estado Colombiano debe dar mas soluciones y dar un cambio a las cifras de indigentes en el país. Por otro lado, para nadie es un secreto que los malos manejos de la economía y la política de nuestros gobernantes, son la mayor causa de todas las problemáticas de la nación.

En la calles de la capital de Colombia, no es extraño ver en cada esquina a un habitante de la calle, que no solo es lamentable su situación si no también la reacción de las personas inconscientes que no notan que esta problemática nos afecta a todos, pues cada vez mas crece la inseguridad en las calles, afecta el espacio público, entre otras cosas, también es común para todos, aun para mi o para usted que esta leyendo mis palabras, que es incomodo e inspira temor estar caminando y encontrarse a un indigente, ya que no solo infunde miedo si no también en algunos casos repugnancia, pues lastimosamente el aspecto físico de estas personas indigentes no es la mejor.

A lo largo de esta investigación, es concluyente que es insuficiente la poca ayuda que el estado brinda a los indigentes y marginados, y considero que las autoridades, políticos y demás; deben y tienen como obligación dar más oportunidad a esta parte de la comunidad colombiana, mejorando y generando programas para combatir el desempleo, la delincuencia y los vicios, y así evitar en un futuro que mas personas caigan en la lamentable condición de pobreza extrema. 

Bogotá y la precariedad de la indigencia


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