CIEGO, SORDO Y MUDO
Muchos dicen
que “mugre que no mata, engorda” y más de uno aplica este conocido refrán en
las calles capitalinas. Bogotá es una ciudad donde hay de todo y la comida no
es la excepción, los puestos de comidas rápidas están por todas partes. Cabe
aclarar que no me refiero a “mugre” en el significado literal de la expresión,
aunque en muchos casos sea de esa manera. La mayoría de los que colombianos al
menos una vez hemos probado manjares callejeros y meriendas de avenida.
A pesar de que
sabemos el daño que nos hace el consumo de alimentos en la calle, el afán del
colombiano está por todos lados. La empanadita, el “chuzo”, la arepa con
chorizo etc. son el cotidiano para más de uno. Pero como buena colombiana
tampoco puedo desconocer el trabajo de las personas que ofrecen estos
servicios, nadie puede negar que el sustento es duro y muchos tienen que
romperse el lomo para llegar con algo a la casa. En Bogotá muchos viven del
rebusque porque así les toco y como dice el dicho “hay que echar pal ante”.
Lo
anterior no constituye en absoluto lo
que quiero decir en este escrito, a lo mucho podrían servir las tres últimas
líneas, solo fue una breve introducción en mi intento de desarrollar un tema
poco engorroso y muy común para todo el mundo, son situaciones cotidianas
ampliamente conocidas y a estas alturas me doy cuenta de que no quiero
hacerlo de esa manera, ni hablar de ese tipo de cosas, esos dos párrafos anteriores
hacen parte del escrito únicamente
porque me interesa que el trabajo de planeación y la dificultad que represento
para mi escribir estas líneas sea claro
y evidente .Eso no es lo que realmente quiero hacer en este texto, digo, para
que hablar de los daños que causa la comida chatarra, de los riesgos que
conlleva su consumo y de los buenos hábitos alimenticios, para eso está Google
y las noticias y esa información la mayoría de gente la conoce, ese en realidad
no es mi objetivo, mi propósito es hacer algo mas real, más cercano, mas
verdadero y mucho más significativo para
mí. Al comienzo tenía dudas de plasmar lo que realmente me dolía en un papel y
mas para un trabajo académico, pero recordé una
palabra que se dijeron a la hora de asignar el trabajo “arriesgarse” el
escribir bien o mal , de forma correcta o incorrecta, es más bien cuestión de
método y es importante aprenderlo. Pero el escribir sentido, palpable, cercano
y personal, es más bien cuestión de alma.
Este trabajo
debe ser Bogota y sus…., en este caso será Bogota y su hambre, Bogota y sus
casas de lata y madera, Bogota y sus quebrantos, Bogota y sus vergüenzas,
Bogota y sus lamentos. Para dejar los rodeos empezare diciendo que lo que
contare requiere que desempolve varias cajas de los recuerdos que ya estaban rincones recónditos de mi mente, esto no está en enciclopedias ni
te lo van a contar como es si no se han untado. La miseria esta en muchas partes
de la capital, pero muchos se hacen los ciegos ante las realidades aparentes,
no los juzgo, es más fácil, pero hay otros que hemos estado mas cerquita del
olor a mierda, incluso a veces nos hemos manchado la ropa.
Todos los
días miramos al cielo y a veces
quisiéramos estar allá porque nos reconforta, pero unos pocos lo miran porque
llegar a ese cielo representa para ellos
una salida de emergencia. No quiero pesares ni frases lastimeras para aliviar la cosa, no todos los que están
jodidos les gusta la mierda, algunos si la eligen pero otros les toca aguantársela.
Recuero primero a una amiga que tuve a los ocho años, cuando se supone que
todos son risas y juegos, ella pensaba en cómo llevar comida para cinco a su
casa , teníamos solo quinientos pesos y un pedazo de cartón que le ayude a
vender para comprar un libra de arroz y un par de papas, eso serviría para
calmar el hambre por un rato, aunque más tarde estuvieran mordiéndose los
dientes por un pedazo de pan.
En mi caso
personal, si, viví situaciones complicadas pero sobretodo veía desde muy
pequeña las cosas que sucedían a mi alrededor, que no me eran ajenas y
habitaban muy cerca, para qué pero mi familia es muy verraca y si, fue jodido,
pero salir adelante fue posible. Lo que más me alarmaba era el montón de
personas que me rodeaban, mis amigos de infancia y alguna familia lejana, solo
era necesario caminar unos veinte pasos desde mi casa en ese tiempo para ver toda la miseria
que se esconde debajo de tablas, pedazos de lata y troncos de madera que se
agrupaban y formaban una casita que se acomodaba humildemente sobre la piedra y
la tierra de un calles sin pavimento, un cuarto con tres camas, donde cada una
era ocupada por unas tres o más
personas, de cocina un cumulo de leña y una olla grande y en el techo un
pedazo de plástico que protegía las tejas medio
rotas para prevenir inundaciones futuras.
No quiero
identidades, no quiero fechas ni exactitudes, no merecen conocer a mis
personajes y son cosas que me reservo,
son míos y no los comparto, no puedo desprenderme por completo, como todo ser
humano también tengo mecanismos de defensa. Además este mundo nos tiene tan
jalados de la cabeza que no estoy tampoco para moralismos, moralejas ni
mensajes reflexivos tipo Jorge Duque Linares, no me educaron así y no me gusta
escribir de esa manera, de hecho aun no sé ni cómo me gusta escribir, pero sé
que eso no me gusta, como sé también que no me gustaba ver a algunos de mis
familiares comer sobras de restaurantes y vestirse con ropa regalada, ver a mis
amigos convertirse en ladrones para llevar algo a la casa misteriosamente, o
ver mujeres ahogarse en llanto por chantajes sexuales y violencia domestica.
También dicen
que en la vida hay que aprender de todo, no solo de los libros se aprende, las
situaciones cotidianas nos dejan muchas veces experiencias importantes. No
todos conocemos las mismas cosas, unos vimos y vivimos cosas distintas y listo.
Hay niños que lloran por el hambre y los juguetes y madres que también lo hacen
al verlos llorar y gente que pasa por las esquinas y mira realidades con
lastima y lejanía. Hay jaulas alrededor de nuestras cabezas que nos impiden ver
mas allá y que aun teniendo la llave preferimos dejar cerradas, admítanlo, la
indiferencia siempre ha resultado ser
más cómoda y menos complicada.
Vivimos en un mundo globalizado y con muchas
alternativas nuevas que podemos aprovechar, pero Bogota se está quedando en
algunas cosas, todavía hay mucha miseria, falta reparación, falta educación,
falta cultura e infinidad de cosas más. No pido que se haga mayor cosa, solo
pido que no seamos artífices de las cosas negativas y que desde todo lo que
estamos aprendiendo más adelante ayudemos a suplir esos vacios.
Lo expuesto
anteriormente sucede en muchas partes de la capital Colombiana hay infinidad de
lugares: Ciudad Bolívar, parte de Patio Bonito, invasiones como Pardo Rubio,
barrios como el Danubio azul, La Fiscala, Diana Turbay, Lucero alto, Tunjuelito,
la zonas de tolerancia en el centro de la ciudad etc. Lugares donde las sobras
de los restaurantes se convierten en un cumulo de calentado para los habitantes
de la calle, a doscientos la porción y que servidas en hojas de directorio,
donde muchos se alimentan siempre de bienestarina, donde la carne se remplaza
por el salchichón más barato, donde hay muchas calles aun sin pavimentar y hay
botaderos de desechos aledaños, donde lo que abundan son los olores fétidos de
basuras, carroña, quebradas y la misma falta de aseo de sus habitantes, donde
las mujeres son cabezas de familia y levantan sus hogares con un mínimo,
trabajando en la limpieza casi los siete días de la semana y donde muchos viven
de los ataques de lastima de otros.
Como ya dije no espero resentimientos, ni
culpas, lastimosamente estamos sumidos en una alienación que cada vez nos anula mas como jóvenes, absorbe cada parte de nuestra creatividad y
las posibilidades de cambios radicales y verdaderos, solo quería arriesgarme y
responsabilizarme por eso, porque esto no deja de ser un texto académico que
está sometido a una nota, no es malo, son las reglas y ya. Esta Fue mi muy
personal interpretación del trabajo ya tenía el trabajo de campo hecho durante
varios años y llego el momento de utilizar toda esa información, Toda la
bibliografía está contenida en mi cabeza. Después de esto solo espero que al
menos se quiten la tapa oídos y las vendas de los ojos por un rato o más bien
mientras soporten el peso de la responsabilidad de hacer un poquito más por
esta ciudad y por un país que no solo progrese tecnológica
y económicamente sino que además sea un poco más humano.
Volviendo al principio y recordando el
refrán “mugre que no mata, engorda” después del desarrollo de este trabajo
entendí lo que en este texto y para mí significa eso del “mugre”, la mugre no
es más que la indiferencia, la mediocridad y la falta de acción que tomamos hoy
en día. ¡Cuidado porque más de uno ya anda obeso de tanto comer esas porquerías!