jueves, 15 de noviembre de 2012

Maria Paula Ramírez ---> VENDEDORES



MI INTENCIÓN AMIGOS, NO ES VENIR A INCOMODAR

                                         

El transporte público, conocido como el bus urbano de la ciudad de Bogotá, no solo traslada a los ciudadanos de un lado a otro. Sin darse cuenta, esto se convierte en un espacio de distracción para sus pasajeros o tal vez en algunos casos en una mayor preocupación. Porque diariamente los clientes están expuestos a una gran cantidad de personas desplazadas, vendedores, cuenteros, artistas, payasos, entre otros. Que con el respaldo y una colaboración del conductor, intentan rebuscarse el sustento diario.
Para que me entiendan, les contaré sobre aquellas personas obligadas a dejar sus hogares por alguna crisis o mas conocidos  como desplazados, (provenientes de otras regiones de Colombia, o madres adolescentes y niños huérfanos), que narran o inventan historias que ayuden a la recaudación de fondos para subsistir en sociedad. Utilizan los conflictos armados como causantes de sus desgracias debido al desplazamiento forzado, viéndose obligados a llegar a las principales ciudades del país y vivir debajo de puentes o en residencias no muy agradables.
Es probable, que algunos relatos presentados sean verdad. Que en realidad grupos al margen de la ley, quieran refugiarse en sus tierras y hayan restringido la manipulación de estos espacios para sus propios dueños; dejando a grandes familias en desamparo sin ningún otro recurso o posibilidad de salir adelante por sus propios medios. Pero se presta para una oportunidad de que otras personas poco trabajadoras, busquen realizar estas acciones para evitar enfrentar la situación de conseguir un trabajo digno que requiera un poco más de esfuerzo.
Y es entonces, cuando esto se convierte en una distracción para los pasajeros porque al ser ello rutinario, es a veces interesante para  los usuarios escuchar una nueva y mejorada versión de la historia.
Cuando ellos comienzan a hablar nuestra mente puede empezar a imaginarse la manera en que fueron desplazados, quien los desplazo y porque los desplazo y si nuestra credibilidad es mucho mas fuerte, tal vez mientras que hablan pensamos en la gran capacidad de mentir que poseen estas personas. Y la razón por la que no buscan un trabajo y dejan de pedir de nuestro dinero.
Así, creamos o no es sus relatos es inevitable no alterarnos cuando ellos aparecen ya sea mucho o poco dedicamos parte de nuestra atención durante el recorrido en el bus en ellos.

Al igual que los desplazados, existen vendedores cansados de no hacer suficiente dinero en la calle. Por consiguiente, deciden subirse a los buses sin mucha charla repartiendo a cada pasajero una porción o un paquete de su mercancía. Al realizar esto, el usuario es persuadido con promociones en el precio del producto o con una desinteresada colaboración. Estos objetos pueden ser desde cd, libros académicos, cuentos, recetas, dulces, hasta empaques para documentos entre otros.
Eran las 9:20 del jueves en la mañana, yo iba sentada en la parte trasera de un confortable bus. Me dirigía a la casa de mi abuela, era un trayecto largo y un poco congestionado. En la 127 al norte de la ciudad siempre se forma un gran trancón, por la entrada al centro comercial Unicentro. Pero este problema, no fue lo que me sorprendió. Lo que me aterró, fue que en un recorrido de 15 a 20 cuadras, alcanzaron a subirse tres vendedores todos provenientes de una fundación para drogadictos y madres solteras de corta edad. Los primeros, un par de muchachos de 20 a 25 años con una mochila, subieron con mirada humilde y un agradable saludo para los pasajeros, aunque fueron pocos los que respondieron. Ellos, procedieron a mostrar y dejar conocer sus dulces mientras uno iba contando que con la ayuda de sus hijos, los impulsos de superación y las ganas de salir adelante, se motivan para dejar del vicio e intentar algo diferente. Su compañero afirma, que no quieren vender dulces toda la vida, que eso es algo pasajero. Es mientras consiguen algo mejor, y ojala lo hagan. Porque muchos inician con la misma idea, pero son pocos los que la cumplen, y es ocasionado por la facilidad del trabajo, que engancha a las personas a continuar en él y seguir mendigando ya que requiere menos esfuerzo.
Unos pocos metros después, una mujer joven con un niño en brazos intento igualmente vender, pero no tuvo mucho éxito. Es difícil, para los ciudadanos volver a comprar o tal vez colaborar cuando alguien acaba de bajarse y por ello, fue casi imposible ayudar a los tres vendedores. Unas pocas personas se hicieron participes de la acción, pero otras como es normal trataron de ignorar sus presencias. Debo confesar, que aunque iba entretenida hablando por celular no pude evitar detallar su “parla” y el niño que la acompañaba. La curiosidad hace que aunque ya sepamos a que se sube y porque se sube escuchemos con atención y no retiremos la mirada de encima.
No mas de cinco minutos después, un hombre de mediana edad se subió de la misma manera llamando la atención del conductor para que le abriera la puerta de atrás y por ende de los pasajeros con un molesto gesto mientras él decía: “buenos días amiguitos, como les va trabajando? Hay que trabajar, cada uno en lo suyo. Unos cantan, otros venden porque el trabajo no es deshonra.” Se detuvo, camino al frente del bus dándose la vuelta y se dirigió a todo el publico tratando de exaltar su presencia subiendo el   tono de la vos y prosiguió: “Vea, el día de hoy yo les traigo estas galleticas con promociones. ¡Vea! En la calle estas se las venden a usted a  400 (enseñando su paquete de galletas) y yo hoy, pues también se las vendo a 400. Pero para su mayor economía pueden llevar dos en setecientos y los tres en mil pesos. Vienen de chocolate de vainilla y de fresa…”
Así no cuenten su vida con detalles, el simple hecho de mostrar sus artículos hace que los pasajeros se distraigan por un rato y olviden por un  corto lapso de tiempo sus preocupaciones.

Otro día, me di cuenta de que cuando las personas montadas en el bus vemos a través de la ventana un movimiento del brazo en una persona de la calle y un par de modulaciones de la boca sumado a que se sube por la puerta trasera, nos imaginamos o pensamos que van a querer o vender algún producto o recoger nuestro dinero. Y nuestra cara cambia, se torna mas amarga; carentes de detalle miramos a esa persona con la incertidumbre de que va a decir o hacer  transformando nuestro pensamiento en esta nueva distracción. No hay ningún momento en el que nuestra mente se detenga y cuando se pasa mucho tiempo dentro de un mismo lugar nos vemos obligados a explorar mecanismos para sobrellevar el tiempo, y estas personas se convierten algunas veces en una salida.
Soy sincera, al decir que yo en varias ocasiones me dejo llevar por su “verborragia verbal” y me distraigo en ocasiones reflexionando. Pero casi nunca contribuyo económicamente ya que ellos se acostumbran a eso y no buscan mejores formas de trabajar y además no es que se ande con mucho dinero para estar regalando.
Pero tampoco me gustaría pensar en su extinción, porque aunque para algunos sean molestos sé que a muchos nos han ayudado a llevar un viaje más ameno con sus historias, canciones o productos.

Para un entretenimiento mas alegre y motivador existen los cuenteros, las personas que con soñadoras palabras enseñan o demuestran una moraleja a su publico haciéndolo pensar en buenos momentos de su vida; o momentos tristes que nos conmueven para dar su aporte económico sin ningún reparo. Es allí donde me doy cuenta que así seamos grandes, chicos o viejos siempre los sentimientos nos moverán para hacer cosas en la vida que nunca llegamos a imaginar.
Lo frustrante de esta situación social, radica en que a menudo son bastantes los trabajadores ambulantes que se suben al transporte urbano en un trayecto relativamente corto.

Este trabajo de campo no se adquiere con una sola experiencia de transporte, incluso si alguien lo intenta algún día podría nunca ser intervenido por este tipo de personas, eso depende ilícitamente del conductor. Yo, he tenido la oportunidad de utilizar este servicio durante mis últimos dos años de vida, conociendo casi todas las rutas por la ciudad y la problemática se da por todos los sectores. De hecho, he coincidido y he visto a las mismas personas pidiendo y hablando de la misma manera. Lo que deja claro que para ellos es algo rutinario y no solo una necesidad efímera. Problemas que parecen de solución inmediata son contados de nuevo por las mismas personas algunas horas, días o meses después, cambiando únicamente algunos datos.

Sucede ahora, que estas personas dedican su vida y tiempo a entretenernos cada día para obtener un beneficio de pocas personas que se atreven a retribuirlo. Y es evidente desde el acto  en que estas personas se suben como lo comuniqué anteriormente, tenemos la inquietud de que hará, la duda de creer o no creer sus historias, la indecisión de participar de sus chistes o adivinanzas, la inseguridad cuando nos ofrecen sus productos porque es  posible que estos contengan algo que perjudique el organismo, mantenemos todo el tiempo el miedo a ser intervenidos violentamente con algún atraco. Y preferimos en ocasiones seguirlo con la mirada y reaccionar a cualquier sospecha.
En conclusión, la ciudad de Bogotá maneja variedad de métodos y mecanismos para pasar  el tiempo en diferentes lugares, incrementando en el transporte publico una salida  corta de los problemas personales y una mirada mas profunda en los problemas sociales. Nos hace valorar lo que tenemos y apoyar a otras personas. Busca interiorizar y destapar los cambios radicales que se generan en nuestra persona y por ello centra nuestra atención o la cambia de dirección ya que el hombre se deja llevar muchas veces por su entorno, este puede modificar la forma y lo que se esta pensando. Los buses, en ocasiones evitados por grandes cantidades de personas permiten el contacto con la sociedad, pasar largas horas metido dentro de una cajita rodeado de demasiadas personas, sin tener como sujetarte o como andar mientras que personas extrañas se mueven de un lado a otro permite el contacto y el aprendizaje intransferible que muchos de las elites no conocen. Cuando te vayas a subir a un bus no te desanimes al pensar que será un mal rato, o que tal vez será una hora mal invertida, es solo un espacio para aprender más y esa lección nadie podrá quitártela, te demostrará un poco más la humanidad de la que estas rodeado no muy diferente a lo que tú eres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario