MI INTENCIÓN AMIGOS, NO ES VENIR A INCOMODAR
El transporte público,
conocido como el bus urbano de la ciudad de Bogotá, no solo traslada a los
ciudadanos de un lado a otro. Sin darse cuenta, esto se convierte en un espacio
de distracción para sus pasajeros o tal vez en algunos casos en una mayor
preocupación. Porque diariamente los clientes están expuestos a una gran
cantidad de personas desplazadas, vendedores, cuenteros, artistas, payasos,
entre otros. Que con el respaldo y una colaboración del conductor, intentan
rebuscarse el sustento diario.
Para que me
entiendan, les contaré sobre aquellas
personas obligadas a dejar sus hogares por alguna crisis
o mas conocidos como desplazados, (provenientes
de otras regiones de Colombia, o madres adolescentes y niños huérfanos), que narran
o inventan historias que ayuden a la recaudación de fondos para subsistir en
sociedad. Utilizan los conflictos armados como causantes de sus desgracias debido
al desplazamiento forzado, viéndose obligados a llegar a las principales
ciudades del país y vivir debajo de puentes o en residencias no muy agradables.
Es probable, que
algunos relatos presentados sean verdad. Que en realidad grupos al margen de la
ley, quieran refugiarse en sus tierras y hayan restringido la manipulación de
estos espacios para sus propios dueños; dejando a grandes familias en desamparo
sin ningún otro recurso o posibilidad de salir adelante por sus propios medios.
Pero se presta para una oportunidad de que otras personas poco trabajadoras,
busquen realizar estas acciones para evitar enfrentar la situación de conseguir
un trabajo digno que requiera un poco más de esfuerzo.
Y es entonces,
cuando esto se convierte en una distracción para los pasajeros porque al ser
ello rutinario, es a veces interesante para los usuarios escuchar una nueva y mejorada
versión de la historia.
Cuando ellos
comienzan a hablar nuestra mente puede empezar a imaginarse la manera en que
fueron desplazados, quien los desplazo y porque los desplazo y si nuestra
credibilidad es mucho mas fuerte, tal vez mientras que hablan pensamos en la
gran capacidad de mentir que poseen estas personas. Y la razón por la que no
buscan un trabajo y dejan de pedir de nuestro dinero.
Así, creamos o no
es sus relatos es inevitable no alterarnos cuando ellos aparecen ya sea mucho o
poco dedicamos parte de nuestra atención durante el recorrido en el bus en
ellos.
Al igual que los
desplazados, existen vendedores cansados de no hacer suficiente dinero en la
calle. Por consiguiente, deciden subirse a los buses sin mucha charla
repartiendo a cada pasajero una porción o un paquete de su mercancía. Al
realizar esto, el usuario es persuadido con promociones en el precio del
producto o con una desinteresada colaboración. Estos objetos pueden ser desde
cd, libros académicos, cuentos, recetas, dulces, hasta empaques para documentos
entre otros.
Eran las 9:20 del
jueves en la mañana, yo iba sentada en la parte trasera de un confortable bus.
Me dirigía a la casa de mi abuela, era un trayecto largo y un poco
congestionado. En la 127 al norte de la ciudad siempre se forma un gran
trancón, por la entrada al centro comercial Unicentro. Pero este problema, no
fue lo que me sorprendió. Lo que me aterró, fue que en un recorrido de 15 a 20
cuadras, alcanzaron a subirse tres vendedores todos provenientes de una
fundación para drogadictos y madres solteras de corta edad. Los primeros, un
par de muchachos de 20 a 25 años con una mochila, subieron con mirada humilde y
un agradable saludo para los pasajeros, aunque fueron pocos los que
respondieron. Ellos, procedieron a mostrar y dejar conocer sus dulces mientras
uno iba contando que con la ayuda de sus hijos, los impulsos de superación y las
ganas de salir adelante, se motivan para dejar del vicio e intentar algo
diferente. Su compañero afirma, que no quieren vender dulces toda la vida, que
eso es algo pasajero. Es mientras consiguen algo mejor, y ojala lo hagan.
Porque muchos inician con la misma idea, pero son pocos los que la cumplen, y
es ocasionado por la facilidad del trabajo, que engancha a las personas a
continuar en él y seguir mendigando ya que requiere menos esfuerzo.
Unos pocos metros
después, una mujer joven con un niño en brazos intento igualmente vender, pero
no tuvo mucho éxito. Es difícil, para los ciudadanos volver a comprar o tal vez
colaborar cuando alguien acaba de bajarse y por ello, fue casi imposible ayudar
a los tres vendedores. Unas pocas personas se hicieron participes de la acción,
pero otras como es normal trataron de ignorar sus presencias. Debo confesar,
que aunque iba entretenida hablando por celular no pude evitar detallar su
“parla” y el niño que la acompañaba. La curiosidad hace que aunque ya sepamos a
que se sube y porque se sube escuchemos con atención y no retiremos la mirada
de encima.
No mas de cinco
minutos después, un hombre de mediana edad se subió de la misma manera llamando
la atención del conductor para que le abriera la puerta de atrás y por ende de
los pasajeros con un molesto gesto mientras él decía: “buenos días amiguitos, como les va trabajando? Hay que trabajar, cada
uno en lo suyo. Unos cantan, otros venden porque el trabajo no es deshonra.”
Se detuvo, camino al frente del bus dándose la vuelta y se dirigió a todo el
publico tratando de exaltar su presencia subiendo el tono
de la vos y prosiguió: “Vea, el día de
hoy yo les traigo estas galleticas con promociones. ¡Vea! En la calle estas se
las venden a usted a 400 (enseñando su
paquete de galletas) y yo hoy, pues también se las vendo a 400. Pero para su
mayor economía pueden llevar dos en setecientos y los tres en mil pesos. Vienen
de chocolate de vainilla y de fresa…”
Así no cuenten su
vida con detalles, el simple hecho de mostrar sus artículos hace que los
pasajeros se distraigan por un rato y olviden por un corto lapso de tiempo sus preocupaciones.
Otro día, me di
cuenta de que cuando las personas montadas en el bus vemos a través de la
ventana un movimiento del brazo en una persona de la calle y un par de
modulaciones de la boca sumado a que se sube por la puerta trasera, nos
imaginamos o pensamos que van a querer o vender algún producto o recoger
nuestro dinero. Y nuestra cara cambia, se torna mas amarga; carentes de detalle
miramos a esa persona con la incertidumbre de que va a decir o hacer transformando nuestro pensamiento en esta
nueva distracción. No hay ningún momento en el que nuestra mente se detenga y
cuando se pasa mucho tiempo dentro de un mismo lugar nos vemos obligados a
explorar mecanismos para sobrellevar el tiempo, y estas personas se convierten
algunas veces en una salida.
Soy sincera, al
decir que yo en varias ocasiones me dejo llevar por su “verborragia verbal” y
me distraigo en ocasiones reflexionando. Pero casi nunca contribuyo
económicamente ya que ellos se acostumbran a eso y no buscan mejores formas de
trabajar y además no es que se ande con mucho dinero para estar regalando.
Pero tampoco me
gustaría pensar en su extinción, porque aunque para algunos sean molestos sé
que a muchos nos han ayudado a llevar un viaje más ameno con sus historias,
canciones o productos.
Para un
entretenimiento mas alegre y motivador existen los cuenteros, las personas que
con soñadoras palabras enseñan o demuestran una moraleja a su publico
haciéndolo pensar en buenos momentos de su vida; o momentos tristes que nos
conmueven para dar su aporte económico sin ningún reparo. Es allí donde me doy
cuenta que así seamos grandes, chicos o viejos siempre los sentimientos nos moverán
para hacer cosas en la vida que nunca llegamos a imaginar.
Lo frustrante de
esta situación social, radica en que a menudo son bastantes los trabajadores
ambulantes que se suben al transporte urbano en un trayecto relativamente
corto.
Este trabajo de
campo no se adquiere con una sola experiencia de transporte, incluso si alguien
lo intenta algún día podría nunca ser intervenido por este tipo de personas,
eso depende ilícitamente del conductor. Yo, he tenido la oportunidad de
utilizar este servicio durante mis últimos dos años de vida, conociendo casi
todas las rutas por la ciudad y la problemática se da por todos los sectores.
De hecho, he coincidido y he visto a las mismas personas pidiendo y hablando de
la misma manera. Lo que deja claro que para ellos es algo rutinario y no solo
una necesidad efímera. Problemas que parecen de solución inmediata son contados
de nuevo por las mismas personas algunas horas, días o meses después, cambiando
únicamente algunos datos.
Sucede ahora, que
estas personas dedican su vida y tiempo a entretenernos cada día para obtener
un beneficio de pocas personas que se atreven a retribuirlo. Y es evidente
desde el acto en que estas personas se
suben como lo comuniqué anteriormente, tenemos la inquietud de que hará, la
duda de creer o no creer sus historias, la indecisión de participar de sus
chistes o adivinanzas, la inseguridad cuando nos ofrecen sus productos porque
es posible que estos contengan algo que
perjudique el organismo, mantenemos todo el tiempo el miedo a ser intervenidos
violentamente con algún atraco. Y preferimos en ocasiones seguirlo con la
mirada y reaccionar a cualquier sospecha.
En conclusión, la ciudad de
Bogotá maneja variedad de métodos y mecanismos para pasar el tiempo en diferentes lugares,
incrementando en el transporte publico una salida corta de los problemas personales y una
mirada mas profunda en los problemas sociales. Nos hace valorar lo que tenemos
y apoyar a otras personas. Busca interiorizar y destapar los cambios radicales
que se generan en nuestra persona y por ello centra nuestra atención o la
cambia de dirección ya que el hombre se deja llevar muchas veces por su
entorno, este puede modificar la forma y lo que se esta pensando. Los buses, en
ocasiones evitados por grandes cantidades de personas permiten el contacto con
la sociedad, pasar largas horas metido dentro de una cajita rodeado de
demasiadas personas, sin tener como sujetarte o como andar mientras que
personas extrañas se mueven de un lado a otro permite el contacto y el
aprendizaje intransferible que muchos de las elites no conocen. Cuando te vayas
a subir a un bus no te desanimes al pensar que será un mal rato, o que tal vez
será una hora mal invertida, es solo un espacio para aprender más y esa lección
nadie podrá quitártela, te demostrará un poco más la humanidad de la que estas
rodeado no muy diferente a lo que tú eres.
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