jueves, 15 de noviembre de 2012

Alejandra Navas --> GERIÁTRICO

Dulce aislamiento






En Bogotá, familias de clases medias, altas y bajas deciden entregar sus viejos y en algunos casos incómodos he insostenibles abuelos, tíos, padres, hermanos, etc. A aquellos lugares donde la espera se convierte en la noción del tiempo. Los hogares geriátricos que son poco mencionados nos permiten solamente sellar el recuerdo de una historia viviente espichando un botón llamado pausa.



Para muchos el hecho de internar en hogares geriátricos a aquellos familiares los cuales necesitan de unos cuidados especiales para poder vivir, es un acto de desesperación y desinterés. Encontrar las razones por las cuales cada familia toma una decisión como entregar un ser querido a las manos de las misteriosas y en muchos casos dulces enfermeras puede ser difícil he inexplicable, tanto las razones, como los sentimientos pueden convertirse en una batalla sin fin. Una de las principales y más argumentadas razones se basan en que nadie en la familia tiene tiempo para poder estar lo suficientemente pendiente de los cuidados que requiere el querido u olvidado “abuelito”. Pregunta la inocente y cariñosa nieta ¿Mami, porque se llevan a mi abuelito? Y responde la nostálgica y frustrada madre: Hija tu abuelito va a vivir con sus amigos y se va a divertir mucho. Cada integrante de la familia se lo pregunta, pero el problema consiste en que nadie logra dar una respuesta tan válida como para decir que fue un acto de amor. ¿Por qué no contratar una enfermera de casa? Porque no tenemos tanta plata, porque no tenemos barandas en los corredores, porque no queremos un intruso en casa, porque papa estaría solo en casa con ella, simplemente porque va a estar mejor allá…



A muchas familias pueden afectarles este tipo de decisiones, decisiones que toman en un 90% los hijos. Pero en muchos casos de muchas familias, estas decisiones no tienen ni trascendencia, ni sentimientos de por medio, el único sentimiento se llama afán, afán de deshacerse de un problema más. Siempre que alguien nos cuenta que sus abuelos o sus padres se encuentran en un hogar geriátrico, pensamos muy interna y silenciosamente, “que clase de persona puede abandonar a un familiar tan importante y querido en un lugar tan horrible como esos”. Pero definitivamente no hay que juzgar hasta vivir. En la mayoría de los casos estos lugares tienen un estigma social de abandono y se llega a pensar que es la representación dulce de una cárcel. Pero en realidad estos lugares son de las pocas cosas que quedan en Bogotá que están llenos de amor y tranquilidad.



Tuve la oportunidad de encontrarme con una mujer llamada Fabiola, una mujer de 43 años que ha dedicado su vida a cuidar en hogares geriátricos a personas mayores que necesitan de un constante y delicado cuidado. Fabiola se caracteriza por su amabilidad, paciencia, buen criterio y esa dulzura que predomina en su voz, sus ojos y sus manos. Es de esas dulzuras "pegachentas" que no te permiten desconfiar y te incitan a abrazar. Pocas veces en mi vida me he encontrado con gente excesivamente apasionada por su trabajo, y si lo hago en la mayoría de los casos esta pasión se basa en modelar en una pasarela o hacer moto-cross, no en cambiar pañales y poner baberos a alguien diferente que tu hijo cuando era bebe. Cada vez que hables con ella te repetirá con pocas palabras de alguna manera cuanto ama su trabajo dejándolo más claro que cualquier otra cosa. Con la misma dedicación y gusto que hace su trabajo, así mismo habla de cuanto le gusta hacerlo. Este trabajo para ella es como la hoja que escribe diariamente y luego la pasa para poder seguir viviendo, ella es como un ángel, es de aquellas personas que son difíciles de encontrar, ella es la única que sabe que siente cada uno de estos tiernos ancianos, conoce sus caprichos sus molestias, los entiende, los hace reír, los cuida y consiente, los regaña, sobra resaltar que en algunos casos lo hace mas que los propios familiares, y simplemente no se molesta por las incapacidades que padecen por culpa del largo recorrido y las grandes experiencias. Así como Fabiola también podríamos encontrar otras cuantas amables enfermeras, pero ya he escuchado varios casos que hablan acerca del maltrato de ellas hacia las personas de tercera edad en los ancianatos, como por ejemplo, el de la señora que no podía hablar y la bañaban con agua fría, no la alimentaban bien y la maltrataban verbalmente.



Entrar en el mundo de los abuelitos en los hogares geriátricos es como abrir muchos libros y cuentos de aventuras y tristezas. Entre estas historias se encontraba la de: María Elena, quien no puede recordar quien es ni quien fue, que al tener una vida llena de riqueza y vanidad fue abandonada por todos sus hijos y lleva más de dos años sin recibir una visita. Con hermosas fotografías de ella coladas en la pared, con su hermoso esposo y su cabello largo, rubio y ondulado, y una triste mirada perdida en el infinito, escasamente puede dirigir la palabra con un gran esfuerzo para decir buenos días. También esta Manuel, aquel que fue ejecutivo, exitoso he hiper-activo, amable, viudo, con una sonrisa que casi ocupa toda su cara, recibe visitas de su familia constantemente. Enrique, aquel padre sinvergüenza que refuta, exige y es difícil de tratar pero también recibe visitas constantemente. Alicia, que vive llena de esperanza, guiada por la fe cuando todos sus hijos y nietos están en el exterior. Agradecidos o no allí están todos jugando cartas y ajedrez, viendo televisión, comentando y riendo por ahí.



Así como estas historias internas, también encontramos historias externas, como por ejemplo la de teresa, esposa de Daniel el cual se encuentra en un hogar geriátrico por que ya no puede valerse por si mismo en ningún sentido, logra hablar y escuchar con un esfuerzo muy grande, teresa vive sola hace dos años, desde que él fue internado su vida mejoro mucho, lo extraña y va todos los días a visitarlo pero ella dice: o el aquí y yo allá … o los dos muertos en contados segundos. Ella se encuentra mejor que el y me dio a explicar sus sentimientos, me decía que ella sentía que conviviendo con él la arrastraba a la muerte, que ella simplemente no podía con esa carga tan grande. También encontré la historia de Lucia, hija de Melida. Melida esta internada y tiene un trastorno del funcionamiento de la memoria, es decir, sufre de amnesia. Lucia la visita constantemente pero su sufrimiento perdura cada día, cuando llega al lugar geriátrico y su madre no la reconoce, sufre mucho, ya que a veces recuerda leves cosas y situaciones, pero la mayoría del tiempo Melida ve a Lucia como una simple desconocida.



¿Pero qué piensan ellos acerca de todo? Para esta pregunta ahí varias respuestas, sin embargo solo una reúne todas las que ellos pueden expresar: Ya solo espero morir. Esta respuesta esta directamente ligada con una expresión de tranquilidad que invade el ambiente, este triste, aburrido, feliz, lo que sea, siempre esa expresión estará llena de tranquilidad, logros, experiencias y sobre todo cansancio.



Algunos de ellos, prefieren estar ahí que en cualquier otro lugar, le dan la representación a estas instituciones como un hotel cinco estrellas, y agradecen estar ahí, hay otros que ya ni pueden pensar, ni hablar, pero aun existen en ellos gestos de amabilidad o amargura. Aquellos que viven en el hotel cinco estrellas y que aun son más activos, les gusta caminar, hablar de flores y telenovelas, piensan que el hecho de estar ahí los priva de los derechos fundamentales del ser humano y que se genera una discriminación por edad, con un tema tan rechazado para la gente de la tercera edad como lo es el sexo, es casi un tabú. Ya que estos lugares no cuentan con la suficiente privacidad, como para que los ancianos liberen sus deseos sexuales algo que es totalmente natural, es mas, los creadores y diseñadores de los hogares geriátricos no contaron con algo tan primitivo y primordial para un ser humano que es la sexualidad para crear estas instituciones. Pero ahí vamos con otro estigma social, ya que esta demostrado que lo ultimo que se pierde con los años son las sensaciones sexuales, el hecho de que ellos se encuentren aislados de la sociedad no quiere decir que hallan perdido este instinto natural. A un 75% de la población colombiana no le pasa por la cabeza que los adultos mayores, la tercera edad, viudos, con cuidados especiales(dependientes) y mucho menos que se encuentren en hogares geriátricos, logren tener deseos sexuales o relaciones sexuales. Y Siendo un poco mas subjetivos, la mayoría de la población Bogotana no sabemos si existen hogares geriátricos acá en Colombia y si es mucho decir, tenemos conocimiento tal vez de uno de ellos, es un tema el cual no es mencionado, y si hablamos de esto lo hacemos con pesar, como si fuera algo perverso y malvado que le hacemos a los ancianos.



Los hogares geriátricos en Bogotá logran reunir en todo el sentido de la palabra, grandes valores como, integridad, compañía, amistad, cariño, respeto y ayuda. Clases altas, medias y bajas, hacen lo posible por crear estas instituciones, tengan recursos o no el proyecto se realiza. Debería haber más interés por parte del estado en este tema, para que las instituciones que son caritativas tengan un poco mas de recursos para atender a los ancianos que no tienen condiciones económicas, ya que para poder sostener a una persona de la tercera edad se necesita mínimo un millón de pesos. El gobierno le brinda a estas instituciones la mitad de lo que ellos necesitan, así que en algunos casos estas instituciones se ven en apuros. Existen alrededor de 400 hogares geriátricos que sin darnos cuenta le brindan amor y carisma a nuestra ciudad.



Así mismo como hoy en día nadie quiere lo viejo, ni los carros viejos, ni el televisor viejo, etc. Así mismo sin decirlo, excluimos de una manera a los ancianos de la tercera edad y los ancianatos. Es un tema el cual muy pocas personas hoy en día le damos importancia y si lo hacemos es por que nos vimos en apuros de tomar la decisión de integrar a un familiar a una de estas hermosas instituciones. Entonces reflexionemos un poco, y mas que todo los jóvenes podríamos hacernos una pregunta; ¿Cómo te gustaría que te trataran cuando envejezcas? Me imagino que muy bien. Lo único que esperan nuestros abuelitos, padres, tíos, hermanos, Es envejecer con dignidad, acompañado de buenos tratos he integridad. Luego de haber escalado la montaña y culminado todos los ciclos, queda la espera junto a la paciencia y la virtud de asimilar que el fin se acercara pronto. Entonces intentemos ayudar a los ancianos que necesitan de nosotros, más que todo brindándoles cariño y una amistad. Existen aquellos jóvenes que repiten constantemente que cuanto les hubiera gustado tener abuelitos, o hablan de cuanto los extrañan, otros ni los visitan y se olvidan diariamente de que existen.



Todos los domingos acá en Bogotá un grupo de personas guiadas por un padre, nos reunimos para ir al famoso y olvidado “Bronx”, el cual reúne las calles mas temidas como; el cartucho la L, etc. Reunimos un poco de dinero que no nos harán falta, para compran chocolate, huevos y pan. Al ir las primeras veces la idea es que los indigentes y recicladores lo que necesitan de nosotros es ayuda económica, pero a raíz del tiempo de acercarme a mas de dos señores de unos 65-70 años, los cuales son drogadictos pero fueron grandes empresarios exitosos de la clase alta de Bogotá, reúnen un solo pensamiento, al sentir que ya están culminando su vida y al sentir que están tan perdidos en si mismos y no pueden recordar ni quien son no te piden dinero así lo necesiten, te piden un abrazo con los ojos llenos de emoción, dolor y nostalgia. Ellos están aislados de la sociedad por que así lo decidieron, pero darían algo más que la vida para tener un dulce aislamiento escogido por alguien mas e ir a un hogar geriátrico. 

1 comentario:

  1. Hola, me pareció muy interesante tu artículo. Yo soy estudiante de Comunicación audiovisual y tengo que hacer un documental sobre ancianos indigentes. A qué geriátricos fueron? Te agradecería muchisimo tu ayuda! Gracias!

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